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Nudo gordiano

Después de una tarde dedicada a tratar de entender la Guerra Civil Española–por culpa de unas barbas (a.k.a. Miguel) que me estuvieron calentando la oreja ayer–termino con el estómago adolorido, la cabeza atolondrada y el corazón apachurrado.

Ernest Hemingway, corresponsal de guerra durante dicho suceso, escribió una novela a la que tituló For Whom The Bell Tolls, inspirado en un poema de John Donne, concretamente este fragmento:

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.

Hay lecturas que tendrían que ser obligatorias, hay memorias que no tendrían que enterrarse y hay piedras con las que no tendríamos que volver a tropezar. 

 

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