Fantasmas del pasado

Purga de enero

Decido caminar al trabajo aprovechando el sol de la tarde. Llevo puestos mis cascos de oreja grande y escucho a todo volumen mi lista de “agosto a gusto”—muy a tono con este invierno perezoso que no acaba de llegar—. Van sonando canciones que me encantan pero que no se cómo se llaman ni de quién son—me abruma la monumental variedad de opciones musicales y por más que intento soy incapaz de fanearme de alguien—ºoO(amo el shuffle). Tengo esa sensación de que estoy dentro de un video musical; todos vamos caminando a ritmo. De repente salen dos suecas de un portal, cada una señalando en una dirección diferente mientras se dicen no se qué. Me hace gracia la imagen e inmediatamente me parece una alegoría de mi cerebro durante los últimos días. Ya no me hace gracia. Por alguna razón en “agosto a gusto” solo hay canciones tristes. Una nube tapa el sol y ya no me alcanza la chamarra—por lo menos traigo los cascos de oreja grande—. Un frío polar se me cuela por las mangas; ya me agarró la purga de enero.

La purga de enero me llegó temprano este año. El primer día, la tía Aminta se despidió de sus conejos—qué pena si no la conociste, mira que estuvo años—. Vaya, no se, fue uno de esos eventos que te quitan una moronita de corazón. Fui volando a decirle adiós y Galicia me recibió como siempre: lluvia, frío, niebla y olor a hogar. Adiós, Aminta, adiós hermosa de pelito blanco y mejillas sonrojadas—de niña pensaba que secretamente era la Sra. Claus—ºoO(me ha dolido horrible no poder reír con ella una vez más). Una visita breve a Don David, un “perdón por no venir antes, abuelo”, un “ya ni la chingas, ¿por qué en mi cumpleaños?”, un par de sonrisas y unos besos al aire. Pasé un par de días de flujo ocular inagotable—de esas veces que piensas: ahorita me sueno y ya se me pasa, pero nada, no había manera—. Y es que parece que, cuando llueve en Galicia, llueve por fuera y por dentro.

Visitas familiares llenas de comida rica y light—más bien solo rica— y apapachos al corazón con forma de bufanda hecha a mano. Chocolate caliente con churros y de vuelta a Barcelona y a una gastroenteritis de urgencias que al día de hoy no logro superar. Es la purga de enero, la que saca las tristezas para empezar un nuevo año más sonriente, un año de agradecimiento por tanta riqueza de personas en mi vida y de motivos para seguir viendo la belleza en los días y en los momentos nublados. ¡La operación bikini ya empezó, señores y señoras!

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Carguizoy, Ourense. A un lado de casa de Aminta.

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